Realidades populistas. El camino al abismo.

Realidades populistas, ¿la solución a nuestros males?. Mucho se habla y se critica a los regímenes populistas pero quizás resulte interesante obtener algunos datos para saber de un modo más certero cuáles son sus bondades y cuáles otros sus errores. Tomemos como ejemplo los regímenes latinoamericanos más conocidos a través de las noticias y la prensa. Éstos son Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Venezuela. ¿Qué de bueno o de malo le han traido los regímenes populistas a los pobladores de dichos paises en estos últimos años?

Evolución económica

Realidades populistas. Evolución PIBNos fijaremos primero en cómo se ha desarrollado el PIB de estos paises. Bolivia y Ecuador han crecido con mucha lentitud durante los últimos años, mientras Argentina creció aproximadamente un 25% y Venezuela un 400%. En el caso de Brasil su PIB se multiplicó por 4 entre 2004 y 2011 para después estancarse. Algo parecido ha ocurrido en España hasta el 2008 (crecimiento del 100%). A partir de dicho momento se ha producido el estancamiento.

En cuanto a la repercusión del crecimiento económico en los ciudadanos se refleja en el siguiente gráfico:

Realidades populistas. PIB per cápitaClaramente en España la crisis ha producido un cambio de tendencia. Del progresivo aumento anterior a la crisis hemos pasado a un estancamiento o incluso a una pérdida de riqueza. Sin embargo en los populismos latinos no ha existido esa pérdida de riqueza.

¿Pero cómo se ha revertido este crecimiento en sus ciudadanos? Veamos en primer lugar qué dicen las Naciones Unidas en sus informes anuales de desarrollo humano sobre estos cinco países (y de paso sobre España):

Realidades populistas. Evolución del IDH

Análisis crítico

Pues como se puede observar la tónica de las realidades populistas ha sido mantenerse prácticamente igual o empeorar un poco. Con la excepción de Venezuela, que ha pasado del puesto 43 al 71, se marca una tendencia neta al hundimiento. Aunque en el caso de nuestro país parece que también tendemos a empeorar ligeramente. Y ello sin tener un régimen populista (recordemos que cuanto mayor sea el puesto ocupado en el IDH, peor es la calidad de vida de los ciudadanos). Así pues, la mejora económica obtenida no ha repercutido en los pueblos que la originaron. Sin embargo así hubiera sido de esperar en la pura teoría capitalista. ¿Algo falla? ¿En manos de quién terminan esos beneficios que no llegan al pueblo?

Hacia 2005 la deuda por persona en Argentina era de 2.775 euros mientras que en en 2015 fue de 6.939 euros por habitante (+150%). En el caso de Bolivia la deuda per cápita en 2014 fue de 782 euros por habitante. Sin embargo en ese país en 2004 la deuda por persona era de 682 euros (+14%). Si nos fijamos en el Brasil de 2004 la deuda por persona era de 2.062 euros. En 2014 ya fue de 5.680 euros por habitante (+175%). En 2014 la deuda por habitante en Ecuador fue de 1.478 euros. Para 2005 se situaba en los 850 euros (+74%). Finalmente Venezuela en 2000 mantenía una deuda por persona de 1.495 euros. En 2010 ya había crecido hasta 2.684 euros por habitante (+80%).

Populismos y corrupción

Con las realidades populistas es evidente que además de no recibir su parte del crecimiento económico habido en cada estado, los ciudadanos han sido gravados con una carga deudora cada vez más pesada. Pero no solo los populismos cometen tal alevosía contra el ciudadano pues en España en 2015 la deuda fue de 23.045 euros por habitante mientras en 2005 la deuda por persona era de 8.941 euros (+158%). ¿A dónde se va entonces el producto del esfuerzo de las naciones?

En el índice de percepción de la corrupción (de 0 = percepción de altos niveles de corrupción a 100 = percepción de muy bajos niveles de corrupción) España obtiene 58 puntos en 2016, Argentina obtiene 32 puntos, Bolivia 34 puntos, Brasil 38 puntos, Ecuador 32 puntos y Venezuela 20 puntos. Este índice de percepción de la corrupción tan elevado en los populismos nos da una pista de a dónde van a parar los beneficios del crecimiento. Aunque está claro que España -a pesar de los casi 30 puntos de distancia – tampoco se salva.

Ya podemos sospechar en qué se emplea todo ese gran beneficio obtenido del crecimiento de los estados: ¡en la corrupción institucionalizada! Estas son las realidades populistas.